LA CALLECITA
Tenía la cintura como un tallo
y se movía despacio;
sus manos se demoraban en el aire
como si le costara habitar el cuerpo.
Fuimos
hasta el extremo del parque
donde comenzaba
una callecita estrecha
y mal iluminada
que se abría
llena de esa necesidad
donde comienza el amor.
Botonazos
Hace 9 años
4 comentarios:
Hola Pablo! Qué buenos textos! Cómo siempre... Suerte que te encontré por aquí! Te acordás de mí, no? Del taller de M. di Marco y Heker en Salta.
Saludos!
Como siempre, sí...
(Lindísimo...)
HERMOSO!!! UNA POSTAL DE LENGUAJE
Gracias, Anónimo, por la lectura y tus palabras.
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